Hay una conversación que tengo en consulta casi todas las semanas. Una mujer me dice que ha perdido el deseo. Le pregunto qué ocurre cuando ya han empezado, cuando hay contacto y calma. Y me contesta, casi siempre extrañada: «ah, entonces sí, entonces normalmente me apetece».
Esa mujer no tiene poco deseo. Tiene deseo responsivo. Y llevaba años creyendo que le pasaba algo.
Los dos tipos de deseo sexual
Existen dos formas perfectamente normales de sentir deseo, y sólo nos han contado una.
Deseo espontáneo
Aparece solo, sin motivo aparente. Vas por la calle, estás trabajando, y surge. No necesita contexto ni estímulo previo.
Es el más visible en el cine y en la publicidad y lo hemos interiorizado como «el deseo normal».
Deseo responsivo
No aparece antes: aparece después. Como respuesta a un contexto seguro, a una caricia, a la conexión, a la calma. Primero llega el estímulo, después las ganas.
Es igual de sano, igual de normal y, en las mujeres, considerablemente más frecuente. Especialmente a partir de cierta edad y en relaciones de larga duración.
Por qué esto importa tanto
Porque el modelo con el que te mides determina cómo te juzgas.
Si tu deseo es responsivo pero crees que el deseo «de verdad» es el espontáneo, la conclusión es automática: yo estoy mal. Y a partir de ahí empieza una cadena que veo constantemente:
- Te comparas con un modelo que nunca fue el tuyo.
- Concluyes que has perdido algo, o que ya no quieres a tu pareja.
- Tu pareja te exige y tu empiezas a creer que tienes un problema.
- Y cada vez hay más tensión en la relación y menos deseo. Es decir, que generamos un problema donde no lo había.
Y eso último sí rompe cosas. No el deseo responsivo: la vergüenza de tenerlo.
La pregunta que lo aclara casi todo
Cuando una mujer me dice que no tiene deseo, no le pregunto cuántas ganas tiene. Le pregunto otra cosa:
«¿Qué pasa si empezáis igualmente, sin presión y sin objetivo?»
Si la respuesta es que después aparece el deseo y la cosa fluye, no hay un problema de deseo. Hay un problema de punto de partida: estás esperando unas ganas que en tu caso llegan más tarde, como respuesta.
Si la respuesta es que sigue sin haber nada, o que aparece incomodidad, rechazo o una sensación de ausencia, entonces sí hay algo más que mirar. Y merece la pena mirarlo.
Qué hacer si tu deseo es responsivo
No necesitas arreglarte. Necesitas cambiar el orden.
- Deja de esperar las ganas para empezar. En el deseo responsivo, las ganas son la consecuencia, no el requisito. Esperarlas es esperar algo que sólo llega después.
- Cuida el contexto antes que la técnica. Seguridad, tiempo, ausencia de prisa y de exigencia. El contexto no es el preámbulo: en tu caso, es el motor.
- Quita el objetivo. Si cada encuentro tiene que terminar de una manera concreta, vuelve la presión, y la presión te devuelve a la cabeza. Y desde la cabeza no hay placer.
- Cuéntaselo a tu pareja. Muchísimos malentendidos de pareja se disuelven con esta información. La falta de ganas iniciales se interpreta como falta de interés o de amor, y casi nunca lo es.
Una advertencia importante
El deseo responsivo explica muchos casos, pero no todos. Y no quiero que esta idea se use para forzarse.
«Empieza aunque no te apetezca» es un buen consejo cuando hay seguridad, confianza y libertad para parar en cualquier momento. Es un mal consejo —y puede hacer bastante daño— cuando lo que hay debajo es una historia de trauma, una relación donde no te sientes segura, o una dinámica en la que ya llevas años accediendo sin querer.
La diferencia está en estas preguntas: ¿puedes parar cuando quieras, sin consecuencias?m ¿disfrutas del encuentro?
Si la respuesta es no, el trabajo no empieza por el deseo. Empieza por otro sitio.
Lo que quiero que te lleves
No tienes menos deseo. Tienes otro orden.
Y entender eso libera a muchísimas mujeres de una culpa que llevaban años cargando sin motivo.
Si quieres empezar a reconectar con tu cuerpo y con tu placer, tengo una guía gratuita de 10 páginas. Puedes descargarla suscribiéndote a la newsletter, en el formulario que encontrarás justo aquí abajo.
Neus Martínez Sornosa es Psicóloga Sanitaria, Sexóloga y Terapeuta de Pareja, especializada en trauma y abuso sexual infantil. Atiende online en español e inglés.