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Sumisión química: qué hacer si no recuerdas esa noche

Ponte en situación.

Una mujer sale, bebe lo de siempre, no más. Y, de repente, de un momento para otro la noche se corta. Puede que se difumine o puede que no recuerde nada. Depende de la droga, de la cantidad y de su cuerpo.

No importa.

Simplemente imagínate estar en un sitio. Y de repente apareces en un lugar, quizá conocido quizá no, con una sensación rara.

Puede ser que no recuerdes nada, pero quizá sí recuerdas haber mantenido una relación sexual con alguien. Y si este es el caso, te sorprendes. No es un comportamiento habitual en ti.

 

Tienes confusión mental, amnesia anterógrada y sientes mucha culpa y vergüenza.

Dudas, crees que igual fue la bebida. Te sorprende haber tenido esa conducta. Sabes que estando serena no lo habrías hecho, pero igual recuerdas que no te negaste, quizá… (es uno de los efectos secundarios de algunas drogas).

Y te sorprendes, porque quizá lo conozcas, quizá no. Igual no es un chico joven. Igual no hubo violencia sexual. Depende, puede que todo parezca haber sido consentido. Piensa bien: ¿habrías mantenido este tipo de relación en condiciones normales?, ¿te opusiste en algún momento?, ¿se te respetó?, ¿eras tú quien buscaba o estabas drogada?

Es importante, sabes.

Muy importante, porque la sumisión química está mucho más presente de lo que creemos.

La mayoría de las víctimas no lo cuenta. Ni lo denuncia. Porque no tiene pruebas, porque no está segura, y porque la primera pregunta que se hace a sí misma es la misma que teme que le hagan los demás: ¿y si fui yo?

Hay muchos más casos de los que se saben

Y esto conviene decirlo antes que cualquier cifra.

Todo lo que sabemos sobre sumisión química viene de las mujeres que llegan a un hospital, se les hacen pruebas y dan positivo. La mayoría de casos no se registran. Las que no llegan no están en ninguna estadística. Las que fueron tarde tampoco, porque salieron negativas.

Así que los números que circulan no miden cuánta sumisión química hay. Miden cuánta llegó a registrarse.

Se ve mucho más de lo que aparece. Lo veo en consulta. Y esto casi nunca llega como denuncia. Puede que llegue años después, como «una noche rara que no consigo quitarme de encima».

 

Por qué casi nunca se denuncia

Por varios motivos, y todos tienen respuesta.

  1. No me acuerdo bien. No acordarse es un efecto de la sustancia. Las benzodiacepinas y el alcohol producen amnesia anterógrada: el cerebro deja de grabar. No es que se te haya olvidado; es que no llegó a guardarse.
  2. Era alguien conocido. La cabeza busca otra explicación —bebí demasiado, se me fue— antes que aceptar que alguien de tu entorno hizo eso.
  3. Tengo marido, pareja o hijos.
  4. El resultado salió negativo. No tengo pruebas.

Un análisis negativo tardío no significa que no ocurriera

Significa que la sustancia ya se había eliminado cuando se hizo la prueba.

Los restos en orina y sangre desaparecen pronto.

Si acaba de pasar

Ve a urgencias del hospital, cuanto antes. Necesitarás también hacerte las pruebas y tratamientos para las ETS.

Recuerda, no hace falta que estés segura. No hace falta que tengas una historia ordenada. Con la sospecha basta, y eso es exactamente lo que dicen los protocolos: ante sospecha de sumisión química, las muestras se recogen lo antes posible.

No tienes por qué denunciar, si prefieres no hacerlo, pero ve cuanto antes.

Si se confirma la sumisión química, el caso se comunica al juzgado de guardia. Eso no significa que tengas que denunciar ni declarar en ese momento. Significa que el sistema sanitario tiene esa obligación cuando aparece un indicio de delito.

Si pasó hace tiempo

Ya no hay muestras que recoger.

Pero sí hay secuelas que sanar.

Y no hace falta recordarlo todo para poder trabajarlo.

Se trabaja con lo que hay. Con las sensaciones, con lo que aparece en el cuerpo, con lo que sí quedó grabado. Muchas mujeres llegan pensando que sin memoria no hay nada que hacer, y es al revés: la falta de memoria es justamente uno de los motivos por los que eso se queda ahí dando vueltas.

Y el trabajo no empieza por recordar. Empieza por seguridad y por regulación, como en cualquier trauma. Después ya se verá qué hace falta mirar.

Si esto que acabas de leer te ha removido y necesitas hablarlo, escríbeme. Y si ahora mismo estás en peligro, o has tenido pensamientos de hacerte daño, no esperes: llama al 112 o acude a urgencias.


Escribo cada semana sobre cuerpo, trauma y sexualidad femenina, con criterio clínico y sin promesas. Si quieres recibirlo, puedes suscribirte a Mujeres que Habitan.

Neus Martínez Sornosa · Psicóloga General Sanitaria colegiada CV17776 · Sexóloga clínica y terapeuta de pareja · Especializada en trauma y abuso sexual infantil

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