«Sexualidad sagrada» es una de esas expresiones que despiertan dos reacciones opuestas. A unas les resuena inmediatamente. A otras les suena a incienso y a discurso vacío.
Yo soy psicóloga sanitaria y sexóloga, así que voy a intentar algo poco habitual: explicar qué hay de sensato en esta idea, sin misticismo y sin descartarla por prejuicio.
Qué se entiende por sexualidad sagrada
En su formulación más extendida, la sexualidad sagrada propone tratar la energía sexual no como un apetito que se satisface, sino como una fuente de vitalidad, creatividad y autoconocimiento. Un espacio de conexión profunda, con una misma y con el otro, que merece ser cuidado.
Alrededor de esa idea se ha construido un mundo muy amplio: tantra, prácticas energéticas, rituales, feminidad sagrada. Parte de ese mundo es serio. Parte, sinceramente, no lo es.
Pero debajo hay algo que a mí, desde la clínica, me parece profundamente cierto.
Lo que la psicología confirma de esta idea
Que la sexualidad no es un acto aislado
Antes de seguir, un apunte que a muchas mujeres les quita años de culpa: si tus ganas no aparecen antes sino durante, eso tiene nombre y es perfectamente sano. Se llama deseo responsivo.
No podemos separar el cuerpo de lo que somos. La forma en que una mujer se relaciona con el placer, con el contacto y con la intimidad está directamente conectada con la forma en que se relaciona consigo misma y con los demás.
Esto no es espiritualidad: es lo que veo en consulta todas las semanas. La dependencia emocional y la desconexión sexual están muy relacionadas con la falta de escucha interna y con patrones aprendidos, que no nos dignifican.
Que la intimidad es un lugar de exposición real
El sexo puede traer sentimientos de vulnerabilidad más intensos que cualquier otra experiencia. Eso no es una idea poética: es una realidad fisiológica. En la intimidad se activan los mismos sistemas que regulan el apego y la seguridad.
Tratar ese espacio como si fuera intrascendente tiene consecuencias. Muchas mujeres describen una sensación de vacío después de encuentros con personas emocionalmente no disponibles. Ese vacío no es moralismo: es información.
Que la presencia importa más que la técnica
Aquí está, para mí, la aportación más valiosa de este enfoque.
Vivimos una sexualidad muy mental. Pendientes del rendimiento, del orgasmo como objetivo, de si lo estamos haciendo bien. Y cuando estás en la cabeza, no estás en el cuerpo. Cualquier cosa que se salga del guion aprendido molesta, porque interfiere con la idea de lo que «debería» estar pasando.
La alternativa no es más intensidad: es más presencia. Y eso cambia la experiencia por completo.
La confusión más frecuente: excitación no es amor
Cuando alguien despierta en ti una sexualidad que no habías experimentado antes, eso es maravilloso. Te sientes expandida y todo tiene una intensidad que no habías experimentando antes, o eso te parece. Y es facilísimo confundir esto con amor.
El amor es un proceso: aprender a ser honesta, sensible y respetuosa contigo y con el otro. Requiere autoconocimiento y tiempo.
La intensidad no requiere nada. Por eso engaña tanto, y por eso tantas personas acaban atadas a relaciones superficiales, que entregan mucha intensidad, pero no calman. Liberan mucha dopamina, pero poca oxitocina, sobre todo, cuando no hay presencia. Todo es muy mecánico, muy primitivo.
Y también hay que decir de qué desconfiar
No sería honesta si no señalara esto, porque en este terreno hay bastante de lo que protegerse:
- De quien promete transformaciones rápidas. El trabajo con el cuerpo y con la historia propia no va rápido.
- De prácticas que impliquen contacto físico por parte de quien te acompaña. Ojo, en quién confías, hay casos de abusos sexuales.
- De quien no tiene formación reglada. «Sexualidad sagrada» no es una titulación. Pregunta siempre qué formación tiene esa persona y dónde la obtuvo.
- De los discursos de culpa. Cualquier enfoque que te haga sentir sucia por tu historia sexual está haciendo exactamente lo contrario de lo que dice hacer.
- Y de convertirlo en otra exigencia. Si «vivir la sexualidad conscientemente» se convierte en una cosa más que tienes que hacer bien, hemos vuelto al principio.
De esto —del cuerpo, del deseo y de cómo volver a habitarlo— escribo cada semana en mi newsletter, Mujeres que Habitan. Al suscribirte te llega la guía del placer, diez páginas y gratuita.
Mi posición
No creo que se trate de tener más o menos relaciones, ni más o menos parejas. Ese debate me parece estéril y bastante moralista.
Creo que se trata de otra cosa: de dignificarte. De escuchar a tu cuerpo y a tu corazón. De ser coherente contigo.
Y creo que ahí, quitando el envoltorio, la intuición de fondo es correcta: la sexualidad es un espacio de conexión muy íntimo, y merece ser cuidado como tal.
No porque sea pecaminosa. Porque es tuya.
Si quieres empezar a reconectar con tu cuerpo y con tu placer desde un lugar seguro, tengo una guía gratuita de 10 páginas. Puedes descargarla suscribiéndote a mi newsletter: puedes apuntarte aquí.
Neus Martínez Sornosa es Psicóloga Sanitaria, Sexóloga y Terapeuta de Pareja, especializada en trauma y abuso sexual infantil. Atiende online en español e inglés.