Falta de deseo sexual en la mujer: por qué casi nunca es un problema de deseo

Es, con diferencia, el motivo por el que más mujeres llegan a mi consulta. Y casi siempre con la misma frase: «creo que hay algo mal en mí».

La falta de deseo sexual es el problema sexual más frecuente en la mujer. Los estudios sitúan su prevalencia entre el 22 % y el 51 % de la población femenina, y en España se estima que al menos una de cada cinco mujeres cumple criterios de deseo sexual hipoactivo. Es decir: si te está pasando, no eres una excepción. Eres mayoría.

Pero lo que quiero contarte hoy es otra cosa, y es lo que veo una y otra vez en consulta:

La falta de deseo casi nunca es un problema de deseo

El deseo no es un interruptor que se estropea. Es el resultado de muchas otras cosas: de cómo está tu cuerpo, de cuánta seguridad sientes, de qué relación tienes contigo misma y de qué pasó antes en tu historia.

Cuando el deseo desaparece, casi siempre es la consecuencia de algo, no la causa. Y buscar la solución en el deseo mismo —forzarse, probar cosas nuevas, «poner de tu parte»— suele empeorarlo, porque añade presión justo donde hacía falta calma.

Lo que sí suele haber debajo

Estos son los factores que más veo, y rara vez aparecen solos:

  • Un sistema nervioso agotado. El estrés sostenido y el cansancio acumulado apagan el deseo antes que ninguna otra cosa. Un cuerpo en alerta no se abre al placer: se prepara para responder. Son funciones incompatibles.
  • Vivir desde la cabeza. Muchas mujeres están tan desconectadas de su cuerpo que no saben qué necesitan. En la intimidad están pendientes de hacer, no de lo que están sintiendo. Y desde la mente no hay placer posible.
  • Algo no resuelto en el vínculo. El sexo suele ser lo primero que se resiente cuando hay conflictos, resentimientos o distancia emocional en la pareja. El cuerpo registra lo que la conversación evita.
  • Una historia previa. No hace falta haber vivido una agresión. Una primera vez que en realidad no se quiso, una relación en la que aprendiste a cumplir, o simplemente haber crecido con vergüenza alrededor del cuerpo, dejan huella.
  • Creer que tu deseo funciona mal. Muchas mujeres no tienen poco deseo: tienen deseo responsivo, que aparece después del contacto y de la seguridad, no antes. Como sólo nos han contado el otro modelo, se miden con una vara que no les corresponde.
Por qué «esforzarse más» no funciona

Esta es la parte que quiero que te lleves.

El placer no es algo que se consigue. Es algo que se permite cuando hay seguridad.

Cuando una mujer intenta recuperar el deseo a base de voluntad —accediendo aunque no le apetezca, buscando prácticas nuevas para «reactivarse», fingiendo ganas que no tiene— lo que consigue casi siempre es lo contrario. Porque cada encuentro en el que su cuerpo dice que no y ella dice que sí refuerza el mensaje de que ese espacio no es seguro.

Y un cuerpo que no se siente seguro se cierra más.

Por dónde se empieza de verdad

Trabajo esto uniendo psicología y cuerpo, porque separarlos es la razón por la que tantos procesos se quedan a medias. Explicarte por qué te pasa está bien, pero no basta: la desconexión no se resuelve entendiéndola, se resuelve sintiendo, poco a poco y en un contexto seguro.

El orden que sí funciona es este:

  1. Primero, seguridad. Bajar el nivel de alerta del sistema nervioso. Sin esto, lo demás no se sostiene.
  2. Después, escucha. Recuperar la capacidad de notar qué siente tu cuerpo, empezando por situaciones que no tienen nada que ver con el sexo. Aprender a escuchar tu cuerpo y validarlo.
  3. Después, permiso. Dejar de exigirte una respuesta concreta y dejar de medirte con un modelo que no es el tuyo.
  4. Y sólo entonces, placer. Que aparece solo cuando lo anterior está en su sitio.
Cuándo merece la pena pedir ayuda

Si la falta de deseo lleva más de seis meses, si te genera malestar, si está afectando a tu relación o si notas que te desconectas durante la intimidad, merece la pena mirarlo con alguien.

La mayoría de las causas de la falta de deseo son psicológicas, y responden bien al trabajo terapéutico. Eso sí, conviene descartar antes lo orgánico: alteraciones hormonales, tiroides, anemia, y muy especialmente algunos medicamentos —los antidepresivos y ciertos anticonceptivos son los sospechosos habituales—. Coméntalo con tu médica de cabecera o tu ginecóloga.

Y quiero decirte una última cosa, porque es lo que más falta hace escuchar:

Tu cuerpo no está roto. Está esperando.

La desconexión no es un fallo del sistema. Es el sistema funcionando: en algún momento aprendió que abrirse no era seguro e hizo lo único que sabía para protegerte. El problema es que después nadie te enseña a volver.

Se puede volver.


Si quieres empezar a reconectar con tu cuerpo y con tu placer, tengo una guía gratuita de 10 páginas. Puedes descargarla suscribiéndote a la newsletter, en el formulario que encontrarás justo aquí abajo.

Neus Martínez Sornosa es Psicóloga Sanitaria, Sexóloga y Terapeuta de Pareja, especializada en trauma y abuso sexual infantil. Atiende online en español e inglés.

Publicaciones Similares