| |

«He empezado a cuidarme y mi pareja está peor»: qué pasa cuando una de las dos cambia

Mujer que empieza a cuidarse y nota que su pareja reacciona peor

Durante un tiempo todo va bien. Empiezas a dormir mejor, dices que no a algo pequeño y no se hunde el mundo, recuperas un plan que habías dejado de hacer. Te notas más tranquila.

Y entonces la relación se tensa.

Discutís más que antes. Aparecen reproches que llevaban años sin aparecer. O al revés: se instala un silencio raro, educado, que pesa más que una discusión. Y la conclusión llega sola: antes estábamos mejor; a lo mejor el problema soy yo y esto que estoy haciendo.

Quiero contarte qué está pasando ahí, porque esa fase tiene explicación, tiene forma reconocible y, sobre todo, tiene final.

El equilibrio anterior era real

Toda relación que lleva un tiempo funcionando ha llegado a un acuerdo. Un acuerdo no hablado. Quién cede, quién decide, quién avisa de que algo va mal, quién pone paz, quién se encarga de que el otro esté bien.

Ese reparto se sostiene porque cada parte hace la suya. Y cuando una parte deja de hacerla, el reparto entero deja de encajar. Y, a veces, el simple hecho de cuidarnos, de dejar de hacer algo que ya no nos gusta, hace que la dinámica cambie.

Pero obviamente necesitamos cambiar, madurar, evolucionar. Esa es nuestra responsabilidad para con nosotras mismas. Sigo.

Si tú eras la que cedía, la que explicaba, la que reparaba, la que adelantaba el malestar del otro antes de que ocurriera, tu cambio no es un cambio pequeño. Es un cambio que genera mucha incomodidad en el otro. Si la relación empieza a tambalearse, no es que todo vaya peor. Es que necesita ajustarse, porque algo que estaba quieto se ha puesto en movimiento.

Y quizá, el otro no quiera cambiar la dinámica y surjan más discusiones. Uno siempre debe valorar qué quiere en su vida, qué está dispuesto a ceder y qué no.

Desde mi visión, lo más importante es estar bien con uno mismo. Es a la única persona a la que le tienes que rendir cuentas.

Las formas que toma

No siempre se parece a una pelea. Estas son las más habituales, y conviene reconocerlas porque la mayoría no se presentan como oposición:

Sube la demanda justo cuando aparece tu espacio. Empiezas a salir un día a la semana y resulta que ese día siempre pasa algo. No tiene por qué ser deliberado. Lo es a veces y otras no, y en ambos casos funciona igual.

Se cuestiona el origen del cambio. «Estás rara.» «Ya no eres la de antes.» «Eso te lo han metido en la cabeza.» «Esa psicóloga a la que vas…» Lo que se discute no es el límite: es tu derecho a ponerlo.

Aparece una crisis que requiere que vuelvas a tu puesto. Un problema de salud, de trabajo, de dinero. Puede ser cierta. Que sea cierta no cambia lo que produce.

O vuelve lo bueno. Esta es la que más confunde. Justo cuando ibas a sostener algo, aparece la versión encantadora: detalles, planes, conversaciones de las de antes. Y entonces sostener el límite se vuelve casi imposible, porque ya no hay nada contra lo que sostenerlo.

O se retira. Frío, distancia, respuestas cortas. Y aquí, si tu rol es el de la ansiosa, tienes que estar muy atenta, porque si no vuelves a perseguir sin darte cuenta. Si quieres entender ese movimiento con detalle, lo expliqué en apego ansioso y apego evitativo.

Por qué duele más de lo que esperabas

Porque tienes un patrón aprendido, que es el mismo que te hacía comportarte de una determinada manera y que ahora va a cuestionarte a través de la culpa y la vergüenza.

La culpa: debería de haber hecho X, por mi culpa se ha estropeado la relación. La culpa mira al acto, y es relativamente manejable, porque un acto se puede revisar.

La vergüenza: he sido poco empática, he sido egoísta, soy muy… (y puede tomar la forma que sea, quizá algo que siempre he creído sobre mí, algo que me han dicho de pequeña con mucha frecuencia). La vergüenza no mira al acto, mira a la persona. Y es la que más cuesta cambiar.

Son distintas, pero las dos se trabajan y las dos sanan. Eso lo digo con seguridad porque lo veo.

El error de lectura

El error es este: interpretar la resistencia como la prueba de que el cambio estaba mal.

Es un razonamiento que se sostiene solo. Antes no discutíamos, ahora discutimos, luego lo que he introducido yo es lo que lo ha roto. Y sin embargo lo que suele estar pasando es lo contrario: antes no discutíais porque tú estabas evitando que ocurriera, y eso tenía un precio que pagabas tú y tu salud.

Una relación que no tiene conflicto porque una de las dos partes calla no es una relación sana. Es una relación desigual, con un conflicto que no se habla.

Lo que no significa

No significa que tu pareja sea mala persona. La resistencia al cambio no es maldad, y leerla así te va a llevar a decisiones tomadas desde el rencor.

No significa tampoco que tengas que irte. Hay parejas que atraviesan esta fase y salen con una relación más honesta que la que tenían. Las hay que no. Y las dos cosas se ven venir con el tiempo, no en la segunda semana.

Y no significa que el malestar de la otra persona sea algo que tú tengas que arreglar. Esta es la frase difícil, y la escribo entera: puedes querer a alguien, verle mal, y aun así no ser tú quien le repare.

Un límite importante. Todo lo anterior describe la resistencia normal de una relación que se reorganiza. No describe la coacción, las amenazas, el control del dinero o de tus movimientos, ni la violencia de ningún tipo. Si al poner un límite lo que aparece es miedo, esto no es lo que estás viviendo y no es lo que necesitas leer. Escríbeme y te ayudo a buscar ayuda adecuada, o llama al 016, que es gratuito y no deja rastro en la factura.

Qué ayuda mientras dura

Saber que va a pasar. Si cuentas con ello, no te pilla desprevenida, no lo interpretas como una señal de alarma, sino como una respuesta natural, una etapa.

No renegociar en caliente. Hablar cuando estemos calmados, si no puede que lo hagamos para sentir alivio, evitar el sufrimiento que me genera el conflicto. Y es exactamente lo que refuerza el patrón que estabas intentando cambiar.

Distinguir cuidar de complacer. Complacer es un patrón que se aprendió porque era la manera de garantizarse la atención y el reconocimiento de los adultos.

Sostener el malestar del otro sin salir corriendo a repararlo. Es la parte más difícil de todo esto y la que más mueve el sistema. No es frialdad: es dejar de hacerte cargo de una emoción que no es tuya.

El tiempo es relativo y todo es un proceso de aprendizaje. Un mes de una relación tensa no dice nada. Tres meses sí empiezan a decir.

Y tener un sitio fuera de la pareja donde contar esto. Una amiga, una terapeuta, un grupo. Hacer este proceso sin ningún testigo es lo que más abandonos produce, porque la única versión de los hechos que escuchas acaba siendo la de dentro de casa.

Y si lo que descubres es que esto no empezó con esta relación

Pasa a menudo. Alguien empieza a mirar su parte en una pareja concreta y se encuentra con que el patrón es más antiguo: que también cede con su familia, con sus jefes, con sus amigas. Que lleva toda la vida siendo la que sostiene.

Si te reconoces en eso, el primer paso es ver con claridad cuánto hay. Para eso tengo un test de 9 señales que se hace en dos minutos y que te mando con una guía para interpretarlo. Lo tienes aquí.

Y si lo que quieres es trabajarlo de forma ordenada y con un método, es lo que recorre mi formación De la dependencia emocional a la libertad: sanar tus patrones y construir una nueva forma de amar, sin perderte a ti misma. Aquí está.

Te lo digo también al revés, porque es verdad y porque no quiero vender lo que no es: si lo que esperas es que la otra persona cambie sin que cambies tú, no la compres. Esa formación trabaja tu parte. Es la única sobre la que tienes mando, y resulta que es suficiente para mover el conjunto, porque un patrón de dos deja de funcionar cuando una de las dos deja de hacer el suyo. Y si no ocurre así, estarás preparada para tomar las riendas de tu vida.

Eso es todo, que no es poco.

Lo que no hace falta es tener la decisión tomada antes de empezar. Solo un compromiso contigo misma: de hacerte cargo de ti y tu felicidad.


Escribo cada semana sobre vínculos, dependencia y sexualidad con criterio clínico y sin recetas. Si quieres recibirlo, puedes suscribirte a Mujeres que Habitan.

Neus Martínez Sornosa · Psicóloga General Sanitaria colegiada CV17776 · Sexóloga clínica y terapeuta de pareja · Especializada en trauma

Publicaciones Similares