La dependencia emocional no habla del otro, aunque también es cierto que un dependiente emocional tiene más probabilidad de estar en una relación desigual.
Esto es lo que casi nunca se explica.
Cuando se habla de dependencia emocional, casi siempre se habla de la otra persona. De si manipula, de si tiene rasgos narcisistas, de si da migajas. Se describe al otro con mucho detalle y a ti apenas se te menciona, como si fuera el otro el que tuviera que cambiar.
Pero la dependencia emocional no es una descripción de tu pareja. Tiene que ver contigo. En dónde te colocas tú dentro del vínculo. De cuánta de tu estabilidad has depositado en manos ajenas. De qué pasa contigo cuando esa persona está distante, o cansada, o simplemente ocupada.
Y puede que, quizá el otro, no te ponga nada fácil estar en paz contigo, porque tiene un comportamiento muy ambivalente o se enfada con facilidad, se comporta como un niño… Es entonces cuando más en contacto tienes que estar con lo que necesitas para saber si esta relación te da paz o te desestabiliza.
Y aquí hay un matiz importante, y es que las dos cosas son verdad a la vez: la dependencia habla de ti, sí, pero una persona que se quiere y se respeta tiende a buscar a alguien que también se quiera y se respete. Mirar hacia dentro no significa que el otro no tenga nada que ver. Significa que empiezas por el único sitio donde puedes hacer algo.
El problema de sostener una relación de este tipo es que te vas a cansar, puede que te sientas agotada, porque a largo plazo son difíciles de sostener. No solo no suman, sino que requieren esfuerzo y sacrificio. Algunas señales de que estás actuando como una persona dependiente emocional son:
Se nota en cosas pequeñas y constantes:
- Tu estado de ánimo del día depende de cómo esté la relación ese día. Si estáis bien, todo va bien. Si hay tensión, no puedes concentrarte en nada más.
- Miras el móvil más de lo que te gustaría. No porque sospeches de nada. Porque necesitas la señal.
- Dices que sí a planes que no quieres, y luego te enfadas contigo por haber dicho que sí.
- Has ido dejando cosas tuyas por el camino: amigas, aficiones, tiempo sola. Nadie te lo pidió. Fue pasando.
- Cuando algo te molesta, calculas el momento y la forma de decirlo. A veces calculas tanto que al final no lo dices.
Ninguna de estas cosas, por separado, significa nada. Todas juntas, sostenidas en el tiempo, dibujan algo.
El matiz que no me quiero saltar
Si te has reconocido en la lista, quiero que leas esto antes de seguir.
Esto no va de culparte. Todo lo contrario.
Nadie construye este patrón porque sea débil, ni porque tenga poca personalidad. Se construye porque en algún momento aprendiste que la seguridad y el amor venían de fuera y había que ganárselos, y que si anteponías tus necesidades a las de los otros, te quedabas sola. Y ese aprendizaje no fue una elección. Fue lo que hubo.
Cuando el miedo, la culpa o la vergüenza están presentes, el margen para elegir libremente cómo vivimos se siente más pequeño. Por eso es importante poner mucha consciencia, amor y compasión. Tratarnos bien, sea lo que sea que hicimos o permitimos. Porque si no, reforzamos la vergüenza.
Lo que no voy a hacer
Es etiquetarte o etiquetar a tu pareja para encasillar.
Lo digo porque hay mucho contenido por ahí que lo hace con una ligereza que me preocupa. Un vídeo de treinta segundos no puede saber si tu relación tiene arreglo. Yo, que te tendría delante una hora a la semana durante meses, tampoco lo sabré. Porque TODA TRANSFORMACIÓN ES POSIBLE, pero requiere un trabajo personal que depende de cada uno.
Mi trabajo no es que dejes a nadie. Pero tampoco que estéis juntos. Es que puedas decidir desde un sitio que no sea el miedo. Y luego sostener lo que decidas.
Porque además pasa algo que no se cuenta: cuando cambias tú, la relación también cambia. A veces mejora, y mucho. Otras veces, al cambiar, ya no podemos estar con el otro, porque la otra persona no está dispuesta a evolucionar. Quiere seguir manteniendo una relación disfuncional, una relación desigual.
Por dónde se empieza
Por el cuerpo, no por la conversación.
Es el error más común y lo veo constantemente: alguien entiende perfectamente lo que le pasa, se lee tres libros, identifica su patrón con nombre y apellidos, y sigue sintiendo exactamente lo mismo cuando su pareja tarda en contestar.
Eso pasa porque la reacción no viene del pensamiento. La activación del apego (heridas) es fisiológica: el sistema nervioso responde antes de que aparezca la primera idea. Explicarte a ti misma que tu reacción es desproporcionada no sirve de nada, porque la reacción no vino de la razón.
Primero se aprende a bajar la activación. Después, y solo después, se pone el límite. Nunca al revés.
Y hay algo más, que es lo que de verdad sostiene el cambio: recuperar cosas que sean tuyas y solo tuyas. No como estrategia para que él te valore más. Como forma de tener otra vez un suelo propio donde apoyarte cuando la relación tiemble.
Si te has reconocido en esto
Que una relación no tenga nada señalable no significa que estés bien dentro de ella. No necesitas una lista de agravios para tener derecho a mirar lo que te pasa.
Si quieres poner un poco de orden en esa sensación, tengo un test gratuito de nueve preguntas. No te va a decir si tienes que quedarte o irte —desconfía de quien te diga que lo sabe—, pero sí te va a ayudar a ver desde dónde te estás vinculando.
Hacer el test gratuito de 9 señales
Neus Martínez Sornosa es Psicóloga Sanitaria colegiada, Sexóloga y Terapeuta de Pareja, especializada en trauma y abuso sexual.