Para qué sirve el EMDR: a quién ayuda y qué problemas trata

Para qué sirve el EMDR, por Neus Martínez Sornosa

Mucha gente descarta el EMDR por el mismo motivo: cree que es para víctimas de algo grave. Y como lo suyo «no es para tanto», ni pregunta.

Es una pena, porque se queda fuera precisamente quien más rápido podría notar el cambio.

Qué es, en una frase

El EMDR parte de una idea sencilla: buena parte de lo que nos pasa en el presente viene de experiencias que no llegamos a asimilar.

Normalmente el cerebro procesa lo que vivimos sin que tengamos que hacer nada. Pasa el tiempo, lo hablamos, nos acordamos de otras veces que salimos adelante, y la experiencia va encontrando su sitio. Al final queda como un recuerdo: algo que ocurrió, que quizá duele recordar, pero que está en el pasado.

A veces ese procesamiento no se completa. Lo vivido era demasiado intenso, o había demasiadas cosas mezcladas, y la información se queda atascada tal y como entró: con sus imágenes, sus emociones y sus sensaciones físicas intactas. El cerebro lo sigue intentando —lo trae a la cabeza, lo repite en sueños— pero no avanza.

Y entonces, un día cualquiera, algo pequeño lo dispara. A veces se ve la conexión. Muchas veces no.

Ya escribí sobre cómo se guarda ese material y por qué no hace falta narrarlo para trabajarlo: qué es el EMDR y por qué funciona sin tener que contarlo todo.

No hace falta haber vivido algo grave

El concepto de trauma que se maneja aquí es más amplio de lo que la palabra sugiere. Se habla de experiencias vitales adversas: circunstancias cotidianas que, por el motivo que sea, siguen marcándote años después.

Un profesor muy crítico que condicionó lo que estudiaste. Las burlas en el instituto por unos kilos, que veinte años después siguen decidiendo cómo te miras al espejo. Un padre exigente, aunque fuera por tu bien, que hizo que nunca sientas que haces lo suficiente. Una relación que dejó una forma de entrar en las siguientes.

Nada de eso lo llamaríamos traumático. Pero son recuerdos no asimilados, y siguen activos.

El efecto acumulativo

Los recuerdos que generan sensaciones parecidas se encadenan entre sí.

La crítica de un profesor, el comentario de tu madre, la cara de un jefe, el silencio de una pareja. Por separado ninguno es gran cosa. Juntos forman una red que sostiene una creencia sobre ti misma, y esa creencia es la que luego funciona en automático.

Por eso en EMDR no se trabaja solo con el episodio más llamativo. Se trabaja con la cadena.

Cómo funciona

El EMDR no trabaja convenciendo ni explicando. Activa el sistema de procesamiento de información que el cerebro ya tiene, el mismo que funciona solo la mayor parte del tiempo.

El trabajo tiene una secuencia. Localizamos qué experiencias están conectadas con el problema actual. Accedemos a ese recuerdo y a lo que lo acompaña: la imagen, la creencia que dejó instalada sobre ti, la emoción y dónde se nota en el cuerpo. Y desde ahí se ayuda al sistema a desbloquear esa información y a integrarla.

Uno de los elementos que se usan es la estimulación bilateral: movimientos oculares, sonidos alternos o toques alternantes. De ahí vienen las siglas, que son inglesas: Eye Movement Desensitization and Reprocessing, desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares. El método lo desarrolló la psicóloga estadounidense Francine Shapiro.

Por qué funciona, y qué sigue en discusión

Prefiero contarte esto con honestidad, porque se divulga con mucha seguridad y la realidad es más matizada.

Hay varias hipótesis sobre el mecanismo:

La relación con la fase REM del sueño, en la que se producen espontáneamente movimientos oculares parecidos. Es la fase en la que soñamos, y probablemente una de sus funciones sea ayudarnos a digerir lo que durante el día no pudimos elaborar. Quizá por eso las cosas se ven distintas después de dormir.

El efecto sobre el sistema nervioso autónomo, el que regula activación y calma, con la idea de que la estimulación bilateral reactiva un reflejo de orientación que durante la experiencia adversa quedó bloqueado.

El efecto sobre la memoria de trabajo, que haría que el recuerdo se vuelva a almacenar, esta vez de forma adaptativa.

Lo que está establecido es que los efectos se producen y se han medido en múltiples estudios y metaanálisis. Lo que sigue a debate es exactamente por qué. Si alguien te lo cuenta con total certeza, está simplificando.

No es «mover los ojos»

Esto conviene decirlo claro, porque es la caricatura habitual.

La estimulación bilateral no es el ingrediente central ni el único. El trabajo del terapeuta es seleccionar con qué recuerdos trabajar y en qué orden, preparar a la persona antes, supervisar cómo avanza el proceso e intervenir cuando se bloquea o cuando la activación sube demasiado.

Y por eso no se hace una sola en casa. Si una experiencia no se ha digerido es, justamente, porque el procesamiento espontáneo no funcionó. No se puede resolver desde dentro: hace falta alguien que guíe, que regule la intensidad y que pare a tiempo. Lo que sí se hace en casa son los ejercicios que el terapeuta enseña para sostener el proceso entre sesiones.

Qué problemas se tratan

Aquí hay que separar dos cosas, y casi nunca se separan.

Donde la evidencia es más sólida es en el trastorno de estrés postraumático. El EMDR está reconocido como tratamiento de primera elección en las guías clínicas internacionales de trauma y la Organización Mundial de la Salud lo recomienda desde 2013.

Donde hay investigación creciente, con resultados prometedores pero menos asentados: depresión, ansiedad, duelo, fobias, cefaleas, dolor crónico y distintos cuadros psiquiátricos y médicos.

En la práctica clínica, más que una cuestión de diagnóstico, es una cuestión de si encaja con esa persona concreta y su situación. Muchas veces se combina con otros tratamientos, y en algunos cuadros el EMDR acompaña, no sustituye: si hay medicación indicada, la medicación sigue.

En mi consulta lo uso sobre todo en trauma, en secuelas de abuso sexual, en agresión sexual, en violencia de género, en duelo, en partos difíciles y en el bloqueo sexual cuando hay una experiencia concreta detrás.

Con quién funciona especialmente bien

Hay un grupo de personas para las que el EMDR encaja mejor que una terapia basada en hablar, y conviene saberlo.

Quien no necesita explicar para que funcione. No hace falta analizar ni narrar, así que se puede trabajar con experiencias de las que quedan pocos elementos, o de las que la persona no se siente capaz de hablar.

Quien somatiza. Las personas que notan el malestar en el cuerpo pero no encuentran palabras suelen avanzar más deprisa con un abordaje que no es solo verbal.

Los niños, incluso pequeños, porque no se les pide que entiendan ni que expliquen. De hecho en infancia los resultados suelen llegar antes.

Con quién funciona peor

También prefiero decirlo.

Si una persona no quiere o no puede acercarse a lo que siente, a su historia o a su problema, el trabajo no va a arrancar. Hay quien, para sostenerse, ha construido una forma de funcionar basada en evitar: no mirar, no sentir, no dejarse ayudar.

Eso no significa que el EMDR no sirva. Significa que antes hace falta una fase de preparación, a veces larga, para construir los recursos que permiten acercarse sin desbordarse. Saltarse esa fase es el error más común y el que más abandonos produce.

Cuánto dura

Depende de cada persona. Cada persona es única y procesa los recuerdos de manera diferente. También depende de la historia.

No es lo mismo una historia sin grandes problemas y un suceso concreto que marcó, que una acumulación de experiencias adversas desde la infancia. En el primer caso el trabajo puede ser corto; en el segundo es un proceso.

Lo que sí se observa en los estudios es que el EMDR suele ser más eficiente que otras formas de terapia: llega antes. Y como el efecto se empieza a notar en pocas sesiones, es razonable hacer una prueba acotada y decidir después si abordar un tratamiento completo.

Cómo comprobar que quien te atiende está acreditado

Esto importa más de lo que parece, porque el EMDR se ha popularizado y hay quien incorpora movimientos oculares sin seguir ningún protocolo testado.

Dos comprobaciones:

Que sea psicólogo o médico, preferiblemente colegiado, con número que puedas verificar en el buscador del colegio oficial. El mío es el CV17776.

Que tenga formación acreditada en EMDR. En España, la Asociación EMDR España mantiene un listado público de terapeutas acreditados en emdr-es.org. Pregunta también por el nivel de formación: yo tengo Nivel I y II acreditados por EMDR Europa.

Si crees que esto puede ayudarte y quieres que lo valoremos, escríbeme.


Trabajo en Dénia y online, en español y en inglés, y una parte importante de lo que hago tiene que ver con volver a habitar el cuerpo después de algo que lo apagó. De eso escribo cada semana.

Si quieres recibirlo, puedes suscribirte a Mujeres que Habitan.

Neus Martínez Sornosa · Psicóloga General Sanitaria colegiada CV17776 · Sexóloga clínica y terapeuta de pareja · Especializada en trauma y abuso sexual infantil

Referencias

  • Anabel González. La terapia EMDR. Documento divulgativo, anabelgonzalez.es
  • Francine Shapiro. Supera tu pasado. Editorial Kairós.
  • Asociación EMDR España, listado de terapeutas acreditados: emdr-es.org
  • EMDR Institute, revisión de estudios: emdr.com/research-overview
  • Recomendación de la Organización Mundial de la Salud (2013) y guías clínicas internacionales de trauma.

Publicaciones Similares